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Después de la solicitud de Lecornu, la impugnación de la ley Falorni se ataca al foro interno de los jueces llamados a decidir. Un frente jurídico nuevo, pero cuya importancia es más simbólica que operativa.
La asociación BonSens.org presentó el 18 de julio de 2026 una « contribución externa » ante el Consejo Constitucional, actualmente saído por el Primer Ministro Sébastien Lecornu de la ley Falorni sobre la ayuda a morir. Esta contribución alerta sobre las graves deficiencias del proyecto: ausencia de trazabilidad del consentimiento, criterios de acceso considerados demasiado amplios, riesgos relacionados con la donación de órganos al final de la vida. Exige expresamente el desplazamiento de varios miembros del Consejo por motivo de posiciones públicas anteriores. Una denuncia complementaria por « toma ilegal de intereses » dirigida a cuatro de los nueve miembros ha sido presentada ante el fiscal de la República de París. La acción se produce en los días siguientes a la presentación constitucional, último obstáculo antes de la promulgación.
Habíamos dicho que la batalla jurídica se trasladaría al terreno de los vicios de forma. Se traslada, y un paso más allá: el de la sospecha personal lanzada sobre los propios jueces. En cuanto a la admisibilidad jurídica, la acción es frágil. La jurisprudencia admite que un miembro del Consejo Constitucional haya tomado públicamente posición, en una vida política anterior, sobre un tema que tendrá que juzgar; el artículo 4 del decreto orgánico del 7 de noviembre de 1958 enmarca los conflictos de intereses sin derivar un desplazamiento sistemático. En cuanto al alcance simbólico, el acto es elocuente: inscribe en el expediente que los defensores de la vida ya no encuentran, en Francia, una instancia de la que puedan creer en la imparcialidad serena. Evangelium Vitae recuerda que « una ley civil que autorizara o legitimara el aborto o la eutanasia sería, por ese mismo hecho, en contradicción radical no solo con el bien de la persona, sino con el bien común » (n° 72), y que la objeción de conciencia del ciudadano católico sigue siempre abierta (n° 73).
Una democracia que debe impugnar a sus propios jueces admite que el debate democrático no ha tenido lugar. La acción de BonSens.org no modificará probablemente la decisión del Consejo. Actúa que la ley promulgada lo será contra la oposición documentada de una parte significativa del cuerpo social y de todo el episcopado francés. Orar por los jueces llamados a decidir, y por aquellos que, en conciencia, se negarán a prestar la mano a lo que la Iglesia denomina sin rodeos una cultura de muerte.
Artículo producido por inteligencia artificial, revisado bajo control editorial humano.
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