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El Primer Ministro anuncia la remisión al Consejo Constitucional después de la votación final de este miércoles. Una apuesta jurídica arriesgada sobre un texto que el Senado ha rechazado en tres ocasiones.
Hemos seguido, semana tras semana, la remontada mecánica del texto sobre "la ayuda a morir" desde su adopción en la Asamblea Nacional el 30 de junio de 2026, a pesar de tres rechazos sucesivos del Senado. El anuncio de Sébastien Lecornu, este 14 de julio de 2026, marca un cambio: a la víspera de la votación final prevista para el miércoles 15 de julio, el Primer Ministro se compromete a recurrir al Consejo Constitucional antes de la promulgación, en virtud del artículo 61 de la Constitución.
Según La Croix, Lecornu tiene la intención de invocar varios motivos de no conformidad: atentado contra el derecho a la vida garantizado por el Preámbulo de 1946, brecha en la cláusula de conciencia individual de los profesionales de la salud, silencio de la ley sobre la cláusula de conciencia colectiva de los establecimientos confesionales. Las Pequeñas Hermanas de los Pobres han advertido que cerrarán sus casas antes que asumir una práctica contraria a su carisma. La Conferencia de Obispos de Francia publicó un comunicado solemne la víspera de la votación, y el Obispo Aillet advirtió que un diputado católico que vote la ley no puede, en conciencia, acceder a la comunión sacramentaria.
La Iglesia condena la eutanasia como un acto intrínsecamente malo. El Catecismo (n° 2277) califica de "moralmente inaceptable" toda acción u omisión "que, por sí misma o en la intención, da la muerte para suprimir el dolor". Juan Pablo II, en Evangelium vitae (n° 65), la incluye entre los crímenes contra la vida humana que ni la ley civil ni el consenso democrático pueden justificar. La Congregación para la Doctrina de la Fe, en Samaritanus Bonus (2020), recuerda que el deber de objeción de conciencia es inseparable de la cooperación al bien.
La impugnación constitucional es el último obstáculo antes de la promulgación. Si el Consejo censura, la cuestión vuelve al Parlamento. Si lo valida, los decretos de aplicación sellarán la nueva situación. Los establecimientos católicos y el personal sanitario cristiano entran en una zona gris jurídica. La cláusula de conciencia individual está reconocida, pero su ejercicio colectivo sigue siendo frágil, exponiendo a las congregaciones hospitalarias a una elección imposible.
La apuesta de Lecornu es arriesgada. El Consejo Constitucional rara vez se pronuncia sobre las cuestiones bioéticas de fondo, prefiriendo la auto-limitación frente al legislador. Recordemos la decisión n° 74-54 DC del 15 de enero de 1975 sobre el aborto, donde el Consejo se negó a decidir sobre el fondo del derecho a la vida. El silencio de la ley sobre la cláusula de conciencia colectiva sigue siendo la falla más grave, aquella que amenaza directamente la existencia de las instituciones católicas de fin de vida.
Esta semana, oremos por los parlamentarios católicos, por los Sabios del Palacio Real, por los cuidadores que mañana tendrán que elegir entre su profesión y su fe. La conciencia iluminada es un deber antes de ser un derecho; los obispos nos han recordado, con claridad, que esta votación compromete el alma de los legisladores tanto como el orden jurídico de la nación.
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Artículo producido por inteligencia artificial, revisado bajo control editorial humano.
Ayuda a morir: el referéndum bloqueado, la Asamblea en la semana de la votación