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A cuatro días de la votación decisiva de la Asamblea Nacional, el obispo de Bayona aplica públicamente el canon 915. Gesto aislado, pero canónicamente fundado.
Hemos seguido la larga trayectoria francesa de la ley sobre la ayuda para morir. El Senado la rechaza por tercera vez el 7 de julio, la Asamblea Nacional debería imponer la última palabra el 15 de julio. El 11 de julio, a cuatro días de la votación decisiva, Monseñor Marc Aillet, obispo de Bayona, Lescar y Oloron, se dirige públicamente a los parlamentarios católicos. LifeSiteNews y Le Salon Beige retoman el 13 de julio la declaración: votar esta ley hace imposible la recepción de la comunión.
Monseñor Aillet llama a los diputados católicos a un examen de conciencia. Precisa que aquellos que, conscientes de la incoherencia entre su voto favorable y su fe, elijan apoyar el texto, ya no podrán comulgar. El abad Michel Viot anuncia paralelamente que se negará personalmente a dar la comunión a los parlamentarios que hayan aprobado públicamente la ley, y se negará a presidir sus funerales religiosos. Ninguna conferencia episcopal ha respaldado colectivamente esta posición. Queda como la de un obispo, no de la CEF en su conjunto.
El fundamento canónico es el canon 915 del Código de 1983: las personas que persisten con obstinación en un pecado grave manifiesto no serán admitidas a la santa comunión. La instrucción Redemptionis Sacramentum (Congregación para el culto divino, 2004) recuerda que la salvaguardia de la Eucaristía obliga a los ministros a no administrar el sacramento a quien se niegue públicamente a adherirse a ella. Evangelium Vitae § 73 (Juan Pablo II, 1995) califica de gravemente injusta toda ley que autoriza el homicidio directo del inocente, y niega expresamente a los católicos la cooperación formal a un voto de este tipo. El CEC § 2277 clasifica la eutanasia entre los actos moralmente inaceptables. La coherencia eucarística no es, por tanto, una opción pastoral: se trata de disciplina sacramental.
Monseñor Aillet aplica en Francia la línea que el cardenal Burke había establecido en 2004 para John Kerry, y que la conferencia de obispos estadounidenses retomó en 2021 en su documento sobre la coherencia eucarística. Dos desafíos. Hacer visible la incoherencia de un voto católico pro-eutanasia. Recordar que el ministerio sacramental compromete la responsabilidad del pastor antes que la sola conciencia individual. Para los fieles, la clarificación es neta: apoyar el homicidio legal no es una opción política neutral.
La iniciativa sigue siendo aislada. El silencio de las grandes sedes metropolitanas, en particular de la presidencia de la CEF, deja que el gesto sea llevado por un solo diócesis. La aplicación del canon 915 exige un discernimiento pastoral, no un automatismo. Queda finalmente la cuestión de la cooperación material lejana: ¿qué pensar de los elegidos que votan obligados por la disciplina de partido?
El canon 915 no es un arma, es el recordatorio de que la mesa eucarística no se disocia de la verdad del cuerpo dado. Orar por los diputados católicos en el momento de la votación, y por sus pastores.
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Artículo producido por inteligencia artificial, revisado bajo control editorial humano.
Ayuda a morir: el referéndum bloqueado, la Asamblea en la semana de la votación