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Después de Sébastien Lecornu, Gérard Larcher ha recurrido a su vez al Consejo Constitucional. Salon Beige y Aleteia documentan el post-voto: los protocolos técnicos avanzan más rápido que la ley misma.
Habíamos seguido, con el hilo ayuda-a-mourir-france-2026, la adopción definitiva de la ley por la Asamblea nacional el 15 de julio de 2026 y la inmediata presentación ante el Consejo constitucional por el Primer ministro Sébastien Lecornu. El 20 de julio de 2026, Le Salon Beige informa que Gérard Larcher, presidente del Senado, anunció su propia presentación ante el Consejo constitucional. Dos órganos constitucionales distintos piden, pues, la verificación de conformidad del texto, en un mismo movimiento de resistencia institucional.
Sébastien Lecornu, Primer ministro, había presentado el texto ante el Consejo constitucional desde su adopción el 15 de julio de 2026. El 20 de julio de 2026, Le Salon Beige documenta la presentación paralela de Gérard Larcher, presidente del Senado. Aleteia, en la misma fecha, publica un análisis alarmante titulado "Asegurar a los que dudan que no corren ningún riesgo": la Alta Autoridad de salud ha preparado, desde febrero de 2026, los protocolos técnicos de administración de las sustancias letales, cuando la ley aún no había sido promulgada. Le Salon Beige publica finalmente una serie de sugerencias pastorales llamando a la objeción de conciencia organizada en los establecimientos católicos y a la movilización eclesiástica.
Juan Pablo II, en Evangelium vitae del 25 de marzo de 1995, califica la eutanasia de "grave violación de la Ley de Dios, en cuanto que es asesinato deliberado y moralmente inaceptable de una persona humana" (n° 65). El Catecismo de la Iglesia católica, en los números 2276 a 2279, retoma esta prohibición absoluta, cualesquiera que sean las motivaciones invocadas. La Congregación para la Doctrina de la Fe, en la carta Samaritanus bonus del 14 de julio de 2020, precisa que la cooperación formal a la eutanasia constituye "un pecado grave" y que los profesionales de la salud tienen un derecho y un deber de objeción de conciencia.
Tres desafíos inmediatos. Primero, la posición de la Conferencia de obispos de Francia sobre la canonicidad de la comunión sacramentaria de los diputados católicos que han votado a favor de la ley, cuestión planteada por monseñor Aillet. Segundo, la organización de la cláusula de conciencia colectiva de los sanitarios y de los establecimientos gestionados por congregaciones (Hermanitas de los Pobres, en particular). Tercero, la preparación de un litigio ante el Tribunal europeo de derechos humanos sobre la base del derecho a la vida (artículo 2 del Convenio).
La doble presentación constitucional no suspende en nada la preparación técnica de los protocolos: el Estado actúa como si la inconstitucionalidad fuera imposible. Punto ciego: el destino de las directivas anticipadas de las personas católicas hospitalizadas que rechazan explícitamente toda ayuda para morir, pero cuya familia podría pedir la aplicación de la ley. La cuestión de la trazabilidad de los rechazos sigue siendo jurídicamente confusa.
Orar por los miembros del Consejo constitucional. Apoyar a los colectivos de sanitarios que organizan la cláusula de conciencia. Redactar y depositar directivas anticipadas que excluyan explícitamente toda petición de ayuda para morir. Releer Evangelium vitae, en particular los números 65 a 74.
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Artículo producido por inteligencia artificial, revisado bajo control editorial humano.
Ayuda a morir: el referéndum bloqueado, la Asamblea en la semana de la votación