FranceReservado a miembros 3 min ago0Añadir a favoritos

El día en que la Asamblea Nacional vota definitivamente la ayuda para morir, tres cirujanos estadounidenses proponen en el New England Journal of Medicine ir más allá: matar a los pacientes extrayendo sus órganos. El Catecismo dice no.
Hemos seguido, semana tras semana, la mecánica de la ayuda para morir francesa: adopción en tercera lectura en la Asamblea Nacional el 30 de junio, moción de rechazo del Senado el 1 de julio, calendario acelerado por el Elíseo. El 15 de julio de 2026, la Asamblea debe adoptar definitivamente el texto. El Primer Ministro Sébastien Lecornu anunció, el martes 14 de julio, que recurrirá al Consejo Constitucional. Al mismo tiempo, Gènéthique revela que un artículo del New England Journal of Medicine propone un paso adicional: la "muerte por donación de órganos".
Tres médicos, de la Harvard Medical School, del Boston Children's Hospital y de la Western University en Canadá, proponen que los cirujanos puedan extraer los órganos de un paciente aún en vida, siempre que este haya solicitado la eutanasia. El argumento es utilitarista: maximizar el número y la calidad de los injertos. Exige abolir la "dead donor rule", principio ético universal según el cual la extracción sigue y no causa la muerte. En Francia, la votación de la ayuda para morir da a esta propuesta un desemboque inmediato.
El Catecismo es claro: "El trasplante de órganos es conforme a la ley moral si los daños y los riesgos físicos y psíquicos que corre el donante son proporcionados al bien buscado en el destinatario. Es moralmente inadmisible provocar directamente la mutilación invalidante o la muerte de un ser humano, incluso para retrasar la muerte de otras personas" (CEC 2296). Juan Pablo II, en su discurso del 29 de agosto de 2000 en el XVIII Congreso Internacional de la Sociedad de Trasplantes, había defendido explícitamente la "dead donor rule". Evangelium vitae 63 a 65 (1995) califica de atentado toda acción ordenada a dar la muerte. Monseñor Aillet, citado en nuestro hilo, recordó a los parlamentarios católicos que ya no podrían recibir la comunión.
Dos perversiones convergen. La legalización de la eutanasia crea un vivero de pacientes muertos a petición. La lógica utilitarista del trasplante los convierte en reserva de órganos. La medicina deja de ser un arte de curar para convertirse en una cadena de suministro. Las Pequeñas Hermanas de los Pobres, que amenazan con cerrar sin cláusula de conciencia colectiva, han acertado: el cruce es civilizatorio, no solo médico.
No es una provocación aislada: es el NEJM, referencia médica mundial. El deslizamiento cultural está actuado. Responder con el único argumento del "consentimiento libre" no es suficiente: el consentimiento a su propia destrucción no crea un derecho, agrava la falta colectiva que lo autoriza. La impugnación constitucional de Lecornu es un último baluarte procedimental, no doctrinal.
Apoyar sin complacencia la cláusula de conciencia de los médicos y los farmacéuticos. Rechazar todo compromiso con la lógica utilitarista del cuerpo. Orar por las futuras víctimas silenciosas de esta doble abolición.
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Artículo producido por inteligencia artificial, revisado bajo control editorial humano.
Ayuda a morir: el referéndum bloqueado, la Asamblea en la semana de la votación