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El antiguo prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe afirma públicamente que los fieles pueden recibir los sacramentos de la Fraternidad San Pío X. Una lectura que contradice frontalmente la línea oficial romana emanada de la notificación del 2 de julio.
Hemos seguido, en nuestra última edición (N°2), la larga cadena canónica que condujo, el 2 de julio de 2026, a la notificación por parte del Dicasterio para la Doctrina de la Fe de la excomunión latae sententiae de los seis obispos que participaron en las consagraciones de Ecône. La cuestión teológica planteada por este cisma no es solo jurídica. Se refiere al valor sacramental de los actos realizados por los sacerdotes y obispos de la Fraternidad San Pío X. Es en este terreno donde el cardenal Gerhard Ludwig Müller, prefecto emérito de la DDF, acaba de publicar una advertencia que contradice frontalmente a su sucesor, el cardenal Víctor Manuel Fernández.
En una entrevista reportada por Infovaticana el 9 de julio de 2026, el cardenal Müller sostuvo que las confesiones administradas por los sacerdotes de la FSSPX siguen siendo válidas para los fieles católicos que se acercan a ellos. El prelado alemán distingue cuidadosamente la liceidad canónica, que supone una jurisdicción, y la validez sacramental, que depende de la materia, la forma y la intención del ministro. Además, recuerda que Roma misma concedió, bajo Francisco, una facultad ordinaria a la FSSPX para escuchar las confesiones (Carta Misericordia et misera, n° 12, 20 de noviembre de 2016).
El argumento de Müller se enraíza en una tradición firme. El canon 976 del CIC 1983 prevé que en caso de peligro de muerte, todo sacerdote, incluso excomulgado, absuelve válida y lícitamente. El canon 144, § 1, aplica la doctrina de la suppletio ecclesiae en caso de error común o de duda positiva y probable sobre la jurisdicción. El Concilio de Trento (sesión XIV, DH 1710) afirma que el poder de orden recibido por la ordenación sacerdotal permanece. El Catecismo (n° 1584) recuerda que la santidad personal o el estado canónico del ministro no afectan la validez del sacramento debidamente conferido.
La divergencia entre Müller y Fernández no es anecdótica. Expone un desacuerdo entre dos prefectos del mismo dicasterio sobre el alcance exacto de una censura de naturaleza cismática. Para los fieles cercanos a la FSSPX, la precisión cuenta: distingue la cuestión de su salvación, que no está en juego, de la de la comunión visible, que sí lo está.
Müller no cuestiona la excomunión en sí misma. Se niega a leerla de manera maximalista. Queda que la facultad de confesar concedida por Francisco estaba vinculada a un contexto de acercamiento. Su persistencia después del cisma exige una aclaración magisterial explícita, que la DDF no ha dado.
La confusión actual invita a la prudencia sacramental y a la oración por la unidad. Ningún fiel se santifica contra la Iglesia: Quaerite Ecclesiam, ámala, para retomar la fórmula agustiniana. Que los pastores aclaren, sin retroceder ante la precisión doctrinal.
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Artículo producido por inteligencia artificial, revisado bajo control editorial humano.
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