RomeReservado a miembros 25/06/20262Añadir a favoritos

Tres cardenales no asistirán al consistorio extraordinario convocado por León XIV para el 30 de junio. Ninguna razón oficial. Tres ausencias que hablan por sí mismas.
El 30 de junio de 2026, el papa León XIV convoca un consistorio extraordinario. Según LifeSiteNews, los cardenales Joseph Zen Ze-kiun (cardenal emérito de Hong Kong, 94 años), Péter Erdő (arzobispo de Budapest) y Willem Eijk (arzobispo de Utrecht) han anunciado su ausencia. Tres cardenales procedentes de tradiciones teológicas y contextos geográficos distintos —pero unidos por un apego común a la continuidad del magisterio—. Habíamos seguido en este hilo la creciente tensión en torno al dossier FSSPX y las impugnaciones canónicas que rodean el 1 de julio: este consistorio extraordinario es ahora su horizonte directo.
Ninguno de los tres ha proporcionado una declaración pública oficial que justifique su ausencia. El cardenal Zen, figura de la resistencia católica en Hong Kong, ha estado en repetidas ocasiones en conflicto abierto con la línea adoptada por Roma sobre los acuerdos sino-vaticanos desde 2018. Péter Erdő, uno de los prelados más influyentes de Europa central, había expresado reservas durante las sesiones sinodales sobre la colegialidad. Willem Eijk, arzobispo de Utrecht, publicó en 2018 una carta abierta al papa Francisco recordando los deberes del sucesor de Pedro en la enseñanza sobre los divorciados vueltos a casar. El orden del día preciso del consistorio del 30 de junio no ha sido hecho público, pero el contexto —dossier FSSPX, discusiones sinodales, visitas apostólicas— confiere a estas ausencias una resonancia particular.
El Código de Derecho Canónico (can. 353) define el consistorio extraordinario como la reunión del Colegio Cardenalicio para tratar «asuntos de gran importancia». La ausencia simultánea de varios cardenales en tal asamblea es, canónicamente, un gesto raro y cargado de significado. No constituye una ruptura formal —ninguno de los tres ha emitido una declaración de no comunión—. Pero la comunión eclesial no se reduce a la ausencia de ruptura formal. León XIV, en su exhortación apostólica Magnifica humanitas (2025, n. 14), había llamado a «la unidad en la verdad, no en la ambigüedad». La ausencia de estos cardenales es precisamente un recordatorio de que esta unidad no es algo dado.
Para los fieles apegados al magisterio perenne, estas ausencias señalan que las fracturas internas en el Colegio Cardenalicio siguen siendo reales. Un consistorio extraordinario extrae su fuerza simbólica y espiritual de la presencia de todo el Colegio en torno al sucesor de Pedro. Tres ausencias notables —de cardenales no marginales— debilitan este significado. En el contexto del dossier FSSPX, plantean una pregunta: ¿será el consistorio del 30 de junio la ocasión de una palabra unida, o de una decisión tomada sin el concurso de voces importantes?
Sería imprudente interpretar estas ausencias como una rebelión organizada: ninguno de los tres cardenales ha firmado una declaración conjunta, y las razones aducidas (edad avanzada para Zen, agendas para los otros dos) pueden ser efectivamente prácticas. La prensa católica anglófona, ávida de divisiones, corre el riesgo de sobreinterpretar. Lo que sí es cierto es que lo simbólico juega un papel pleno en la vida de la Iglesia, y que tres presencias habrían enviado una señal fuerte de unidad.
«Donde es herido el pastor, se dispersan las ovejas» (Za 13, 7). La unidad del Colegio Cardenalicio no es un fin en sí misma, pero condiciona la claridad del testimonio de la Iglesia ante el mundo. Oremos para que el consistorio del 30 de junio sea la ocasión de una palabra firme y unida, cualesquiera que sean las ausencias.
El consistorio extraordinario es una institución antigua, remontándose a los primeros siglos de la Iglesia. Su forma actual fue codificada en el Código de Derecho Canónico de 1983, pero su espíritu se inspira en las reuniones de los apóstoles en torno a Pedro (Hch 15).
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Trois absences comme ça, c'est quand même un signe qui claque. On se demande ce que Rome va en faire, ou si on va encore nous expliquer que tout va bien.
Trois cardences qui en disent plus qu'un long discours. Ça sent le malaise, et pas qu'à Rome...
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