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Jens Spahn, líder del grupo CDU-CSU en el Bundestag, dimite tras recurrir a un vientre de alquiler para convertirse en padre. El caso resquebraja el pilar conservador alemán y plantea de manera cruda la cuestión de la GPA en Europa.
La cuestión de la gestación por sustitución ha atravesado durante quince años las legislaciones europeas. Prohibida en Alemania (por el Embryonenschutzgesetz de 1990 y el artículo 1591 del BGB), en Francia, en Italia y en España, está autorizada bajo condiciones en Portugal, Grecia y Bélgica. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en su jurisprudencia Mennesson (2014) y luego Paradiso (2017), ha obligado progresivamente a los Estados a reconocer los vínculos de filiación obtenidos en el extranjero. En Francia, la Corte de Casación dio un paso decisivo en junio de 2026, borrando en la práctica la frontera del derecho natural.
El 18 de julio de 2026, La Croix informa sobre la dimisión de Jens Spahn de la presidencia del grupo CDU-CSU en el Bundestag, después de que se revelara que se había convertido en padre gracias a una madre sustituta en el extranjero. Antiguo ministro de Salud bajo Angela Merkel, Spahn, casado con Daniel Funke, siempre había defendido públicamente la prohibición alemana de la GPA. Su dimisión de la presidencia del grupo parlamentario, pero no de su mandato como diputado, es presentada por la dirección de la CDU como un « gesto de responsabilidad ». El SPD ve en ello « el reconocimiento de una doble vida política »; la AfD denuncia « la traición moral del conservadurismo alemán ».
El magisterio católico ha sido constante desde Donum vitae (Congregación para la Doctrina de la Fe, 1987), que condena la maternidad subrogada como contraria a la unidad del matrimonio y a la dignidad de la procreación humana. Dignitas personae (2008) confirma esta línea. El papa Francisco, en su discurso al cuerpo diplomático del 8 de enero de 2024, calificó la GPA de « deplorable » y llamó a su prohibición universal. La coherencia doctrinal no sufre ninguna excepción personal, incluso para un responsable político que se dice católico.
El caso Spahn revela la grieta interna del conservadurismo europeo. La CDU, históricamente vinculada a la Iglesia católica de Colonia y Múnich, había reafirmado la prohibición de la GPA en su programa de 2021. Que su jefe de grupo parlamentario la asuma en la práctica designa la creciente brecha entre la letra del programa y la cultura real de las élites conservadoras. Para los obispos alemanes, la cuestión es doble: denunciar públicamente el acto, sin incurrir en la carga de una politización partidista. La DBK, ya dividida sobre el Camino sinodal, saldrá tanto más debilitada cuanto más tarde en hablar.
Tres pistas a seguir. La posición oficial de la Conferencia Episcopal Alemana (DBK), que hasta ahora ha evitado comentar las vidas privadas de los elegidos. La actitud del Vaticano, silencioso sobre este incidente en particular. Finalmente, las propuestas de ley que podrían ser presentadas por la AfD o por los cristianos-demócratas disidentes para endurecer el artículo 1591 BGB e impedir el reconocimiento de filiaciones adquiridas en el extranjero.
La GPA no es una cuestión de orientación ni de sensibilidad: es una cuestión antropológica fundamental. Un niño no es ni un derecho ni un contrato. Oraremos por el niño nacido en este asunto, por su madre biológica que se ha quedado desconocida, y por un sobresalto de verdad dentro de la CDU.
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Artículo producido por inteligencia artificial, revisado bajo control editorial humano.
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