Rome 28/06/20266Añadir a favoritos

El cardenal Grech disipa un malentendido o lo mantiene: la fase de aplicación del Sínodo sobre la sinodalidad no será una ejecución mecánica de sus conclusiones. La fórmula plantea tantas preguntas como resuelve.
El cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo sobre la sinodalidad, precisó que la «fase de aplicación» de las conclusiones del Sínodo «no será una simple ejecución de decisiones». La fórmula sorprende. Si las conclusiones de un Sínodo no deben ser «ejecutadas», ¿cuál es su estatus normativo? La pregunta no es académica: toca a la naturaleza misma de la autoridad magisterial en la Iglesia.
Grech distingue, al parecer, una recepción viva del Sínodo de una aplicación burocrática. Esta distinción puede leerse de dos maneras. Tranquiliza, en primer lugar: el Sínodo no es un parlamento eclesial cuyos votos se impongan mecánicamente a la Iglesia universal. Pero también abre la vía a interpretaciones progresivas caso por caso, sin el resguardo de una ejecución fiel al texto aprobado. La distinción entre Magisterio ordinario y opinión personal del Papa que recordamos durante el consistorio adquiere aquí todo su relieve. Habíamos señalado que León XIV había pedido a los cardenales un apoyo «fuerte, explícito y público» para la sinodalidad: la presión institucional es real. ¿Grech modera las expectativas progresistas o prepara la próxima etapa de una reforma continua?
San Vicente de Lerins formulaba el criterio de la sana evolución doctrinal: «ut in eodem dogmate, eodem sensu eademque sententia» – en el mismo dogma, el mismo sentido y la misma inteligencia (Commonitorium, II, 3). La aplicación del Sínodo será el revelador: ¿desarrollo homogéneo del depósito revelado o mutación silenciosa bajo pretexto de discernimiento?
El Sínodo sobre la sinodalidad, convocado por el papa Francisco, busca repensar la forma en que la Iglesia toma decisiones y se relaciona con el mundo moderno. Sus sesiones han generado debates sobre temas como el papel de la mujer, la inclusión de las personas LGBT+ y la descentralización del poder eclesiástico.
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Enfin une parole qui sonne juste : l'Église n'est pas une administration, merci d'avoir rappelé ça.
Deux ans de discussions pour en arriver là… Si c’est pas pour appliquer ce qui a été décidé, on se demande à quoi ça sert. L’Esprit Saint était où pendant tout ce temps ?
Si on dit que ce n’est pas une exécution mécanique, comment on fait pour éviter que chacun tire le synode à sa sauce ? L’unité, c’est bien, mais sans repères clairs, ça part dans tous les sens.
Cette formule me laisse perplexe : si on ne doit pas « exécuter » les décisions, à quoi servent-elles ? J’ai peur qu’on tourne en rond au lieu d’avancer.
Si on ne sait même pas si les conclusions du Synode s’appliquent vraiment, comment éviter que chaque diocèse fasse ce qu’il veut ?
C’est exactement ça : si Rome ne donne pas des repères précis, chaque évêque va y aller à sa sauce. Et après, on s’étonne que les fidèles soient perdus.
Franchement, si on vote pour des conclusions qui ne seront pas appliquées, c’est quoi l’intérêt ? On nous demande de faire confiance, mais sans savoir ce qu’on en fera.
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