Intelligences 24/06/20263Añadir a favoritos

El actor británico Michael Caine ha autorizado a la empresa ElevenLabs a utilizar artificialmente su timbre de voz para narrar la *Odisea* de Homero. Un gesto aparentemente anodino. Marie-Thérèse Bonnet ve en ello una cuestión antropológica radical: ¿es la voz humana una propiedad como cualquier otra?
Le Figaro (24 de junio de 2026) informa que el actor británico Michael Caine, de 93 años, ha cerrado un acuerdo con la empresa ElevenLabs para que su timbre de voz sea utilizado artificialmente en un audiolibro que narra la Odisea de Homero. Problemas de salud le impiden leer él mismo, por lo que ha licenciado su voz a una inteligencia artificial entrenada con sus grabaciones.
La voz no es un accesorio. En la tradición filosófica y teológica, es la expresión más inmediata de la persona: es a través de ella que el hombre entra en relación con el otro y que reza. Aristóteles veía en el logos la marca distintiva del ser hecho para la comunidad. Tratar la voz como un recurso comercializable, separable de la persona y reproducible al infinito, plantea una seria cuestión antropológica: la voz de un hombre es la huella de su singularidad, no una patente cedible. El realismo tomista enseña que la forma es inseparable de la materia: reproducir los parámetros sonoros de una voz sin la persona es producir una copia que se parece a la voz sin serlo. Lo que la máquina puede imitar no es lo que el hombre es.
Si la voz es comercializable y separable de la persona, ¿qué es, en el hombre, lo que no lo es? La antropología cristiana recuerda que la persona es irreducible a sus funciones y a sus producciones.
El hombre es quien busca la verdad. Esta búsqueda no es patrimonio exclusivo de la sola razón filosófica: está inscrita en la naturaleza de todo ser humano.
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Ça me gêne un peu, cette histoire. Une voix, c'est quand même quelque chose de personnel, presque sacré.
C’est troublant, cette voix qui parle toute seule après lui. On a l’impression qu’on lui prend quelque chose d’intime.
C’est vrai que ça fait bizarre, cette voix qui reste sans lui. Un texte comme l’Odyssée, c’est pas juste des mots, c’est une présence… Une machine peut-elle vraiment transmettre ça ?