Rome 29/06/20264Añadir a favoritos

El 29 de junio, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, León XIV celebró la misa en la basílica de San Pedro, entregó el palio a los nuevos arzobispos y pronunció su ángelus sobre la unidad en la diversidad. El abad Grégoire Masson resume este momento fuerte romano.
Este 29 de junio de 2026, fiesta litúrgica de los santos Pedro y Pablo, patronos de Roma, el papa León XIV presidió la misa solemne en la basílica de San Pedro, durante la cual entregó el palio a los nuevos arzobispos metropolitanos nombrados en los últimos doce meses —signo visible de su vínculo con la sede de Pedro—. El hilo conductor de su homilía fue la comunión en la diferencia: "Todo cristiano está llamado a ser constructor de unidad", declaró, meditando sobre las personalidades contrastantes de los dos apóstoles —el impetuoso pescador de Galilea y el intelectual tarso— que el Espíritu reunió en la misma fe y el mismo martirio. En el ángelus, reiteró este mensaje ante miles de peregrinos: la catolicidad de la Iglesia es una "buena noticia de la diferencia", no un aplanamiento. También lanzó un llamado para el óbolo de San Pedro, subrayando la misión caritativa de la Santa Sede hacia los más vulnerables.
La fecha no es casual. Este 29 de junio de 2026, mientras la Fraternidad San Pío X se dispone a realizar ordenaciones episcopales ilícitas el 1 de julio, el discurso papal sobre la unidad en la diversidad adquiere un relieve particular. León XIV no menciona explícitamente la crisis de la FSSPX, pero su insistencia en la primacía petrina como fundamento de la unidad católica —"sobre esta piedra"— resuena como una respuesta doctrinal, a la vez dulce y firme. La entrega del palio recuerda, en gesto litúrgico, que toda jurisdicción episcopal legítima pasa por Roma.
"Porque no te ha revelado esto ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos" (Mt 16,17). La fe de Pedro es don de Dios antes que virtud humana. En este día de fiesta, oremos por la unidad visible de la Iglesia, herida pero siempre viva.
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C’est vrai que Pierre et Paul n’étaient pas toujours d’accord, mais justement, c’est ça la force : ils ont réussi à avancer ensemble malgré leurs différences. L’unité, c’est pas l’uniformité.
L’unité, c’est bien, mais ça se voit aussi dans les actes. Quand est-ce qu’on verra vraiment les pauvres accueillis autrement qu’avec des mots ?
L’unité, c’est pas que des belles paroles. Si on parle de communion, faut aussi voir comment on traite ceux qui ont rien, sinon ça sonne creux.
L’unité, c’est pas que des belles paroles : un café partagé avec un SDF devant chez moi, ça m’a plus touché que tous les discours.
Deux tempéraments différents, une seule Église. Comment on fait, nous, pour pas tout faire dérailler quand on se comprend pas ?
L’unité, d’accord, mais est-ce que ça veut dire qu’on doit tous faire pareil ? J’ai peur qu’on étouffe les différences qui font la richesse de l’Église.
L’unité, c’est bien, mais chez nous le curé et le diacre se parlent à peine… Comment on fait pour avancer dans ces cas-là ?
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