MondeReservado a miembros 25/06/20260Añadir a favoritos

Un obispo católico inglés ha sido acusado de violación de un menor. La imputación es confirmada por el Crown Prosecution Service. La Iglesia de Inglaterra atraviesa un nuevo terremoto.
La Iglesia católica de Inglaterra vuelve a verse sacudida. Según Catholic News Agency (25 de junio de 2026), el obispo católico de la diócesis de Northampton, Mons. David James Oakley, ha sido formalmente acusado de violación de un menor por el Crown Prosecution Service (CPS). El cargo retenido —violación de un menor— constituye la acusación más grave que el derecho penal británico puede formular en materia de abusos sexuales. El obispo ha sido suspendido de sus funciones episcopales a la espera del proceso judicial.
La acusación se hizo pública el 25 de junio de 2026. El CPS confirmó dos cargos por violación de una menor, tras una investigación llevada a cabo por la policía de Northamptonshire. La Santa Sede fue notificada según los procedimientos previstos por las normas De gravioribus delictis (revisadas en 2021), que reservan al Dicasterio para la Doctrina de la Fe el tratamiento canónico de los crímenes graves cometidos por clérigos, incluidos los abusos sexuales a menores (art. 6 § 1, 1°). Estas mismas normas imponen a los superiores eclesiásticos no obstaculizar la acción de las autoridades civiles competentes.
El abuso sexual cometido por un clérigo es un delictum gravius en el sentido del motu proprio Sacramentorum sanctitatis tutela (Juan Pablo II, 2001) y de sus revisiones sucesivas. El derecho canónico prevé un procedimiento penal —administrativo o judicial— que puede llevar a la expulsión del estado clerical (can. 1336 § 1, 5°). La Iglesia no puede oponer ningún privilegio de fuero a la justicia civil en estos casos. El CEC (n. 2477-2478) recuerda que la presunción de inocencia es un derecho de toda persona —incluido un clérigo acusado—. Pero también recuerda que el escándalo es una falta grave cuando lleva a otros a pecar o a perder la fe (n. 2284-2287).
La onda expansiva alcanza a los católicos ingleses, ya debilitados por las sucesivas revelaciones documentadas por la Comisión Independiente IICSA (informe 2022). Para los fieles, la cuestión ya no es solo la de la falta individual, sino la solidez de los sistemas de prevención establecidos en los últimos veinte años. La Iglesia católica de Inglaterra y Gales publicó en 2023 un marco revisado de Safeguarding cuya eficacia vuelve a ser cuestionada. En el plano eclesial, una acusación a nivel episcopal reviste una gravedad particular: el obispo es in persona Christi para su diócesis. Su caída hiere directamente al cuerpo entero de la Iglesia local.
La acusación no es una condena. La presunción de inocencia se aplica. Por tanto, hay que resistir cualquier forma de linchamiento mediático antes de que la justicia civil —y canónica— haya dicho su última palabra. Esto no excluye la transparencia, que es a la vez una exigencia moral y una necesidad pastoral para restaurar la confianza de los fieles. La Iglesia debe acompañar a las posibles víctimas, garantizar su acceso a la justicia y comunicar con claridad —sin precipitación, pero sin ocultamiento—.
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